
Para comenzar, en cualquier proceso histórico se deben encontrar los participantes. No se necesitan meros espectadores, si no hacedores comprometidos con la realidad y en este caso los hay. ¡Todos somos!, pero ¿hasta qué punto queremos llegar? ¿cuán comprometidos estamos? ¿somos capaces de caer presos con penas que excedan los 3 años y un dÃa? ¿estamos dispuestos a tener que escondernos hasta viejos eludiendo a la justicia?
Pensando en esto, me pregunto sobre la efectividad de nuestras acciones. ¿Para qué seguir con comunicados, bailes, marchas, tomas? ¿para que seguir usando las mismas acciones de siempre? Si al final todo sigue como antes, sólo nos desgastamos y no existen soluciones.
Necesitamos seres valientes, capaces de dejar todo en pos de un ideal. Si no estamos dispuestos a perderlo todo, es porque en realidad dentro de nosotros nos seguimos conformando con lo que nos imponen; es porque preferimos la comodidad de discutir, tirar piedras y gritarle a las policÃas. En realidad no hacer algo que perdure, buscamos siempre la violencia vacÃa, injustificada, sin razón. Y que a la larga, nos provoca replegarnos al estado previo al acto, validando asà la represión de quienes gozan de aceptación social pública. Asà se justifica la pega de la represión, tan naturalizada por estos dÃas.
¿Acaso nuestra violencia se compara con la del Estado y las fuerzas de orden?, ¿dónde están nuestras metralletas? En un mundo donde la información se bombardea, debemos ser capaces de generar un quiebre en ese bombardeo, es decir, provocar a nuestro favor. Asà es como el terrorismo se convierte en una opción; terrorismo para ellos, estrategia para nosotros.
Queremos que se vuelvan locos con nuestro acoso, que sientan un temor similar al que infunden ellos. Que invitemos a los descontentos a canalizar su descontento en un esfuerzo REAL, que sea útil a nuestros objetivos. Basta de jugar a la revolución, no queremos que esto termine al poner las mesas y sillas en su lugar, no queremos que acabe cuando apaguen la música y se enciendan las luces, esto no es una fiesta. Para provocar los verdaderos cambios, hay que valerse de todos los medios posibles, utilizando su fuerza y a la vez creando nuestro poder.
Somos una misma masa, que actúa de diversas formas y los resultados al final del camino dependerán de la posición que tomemos. Debemos dejar la cobardÃa. Si hasta ahora nos han aplastado es porque hemos dejado que sea asÃ. Hemos comido su comida, hemos visto sus imágenes, hemos escuchado sus discursos, hemos participado de la mesa donde se reparten las cabezas y nos hemos callado sólo porque nos han dejado sentarnos en sus sillas. Hemos jugado su juego. Ellos somos nosotros, nos han besado y hemos engendrado a sus hijos. El problema somos nosotros, pero ya no más.
Basta de adorarlos, basta de creerles, basta de mirarlos hacia arriba, basta de pensar que esto se arregla comprando y vendiendo. Basta de pensar que la solución está en votar por el que esta sentado al otro extremo de la mesa en el banquete del poder. Si queremos cambios debemos estar dispuestos a perder, debemos estar dispuestos a escupir sobre todos sus regalos, debemos estar dispuestos a destruir todo aquello que nos entregaron aún cuando eso signifique destruirnos a nosotros mismos.







5 comentarios
jko says:
ago 2, 2011
te pasaste
@Autodefenza says:
ago 2, 2011
Increíblemente bello
Dominique Fabiola Donoso Pedraza says:
ago 2, 2011
mas nah te digo
Fabián Peña Loyola says:
ago 3, 2011
increibleee
mariela says:
may 12, 2012
lo que todos piensan por debajo de la mesa